El primer café


Subimos a pie por la calle del embudo, callecita angosta y colonial, rodeada de artesanos intentando vender, desde muy temprano, sus mejores creaciones a turistas curiosos y estudiantes apurados por el inicio de alguna clase mañanera. Callecita empedrada, vieja y hermosa, por donde baja el agua de la habitual lluvia bogotana. Subimos hasta la plaza del Chorro de Quevedo, donde Jiménez de Quesada fundaría alguna vez esta ciudad. Allí conocimos a Alejandro, él sería nuestro guía por las próximas dos horas y media.

Lo había contactado una semana atrás. Mi amigo Mats, alemán, venía de Berlín y visitaba Colombia por primera vez. Me había llamado una semana antes del vuelo para pedirme, exclusivamente, que lo llevara a degustar el mejor café colombiano. Él, afiebrado amante de la popular bebida y nosotros, reconocidos mundial-mente por la calidad de nuestros granos. Claro, le dije. Colgué el teléfono y, reflexionando ante su petición me invadió un sentimiento de duda –hasta de rabia conmigo misma-. Soy colombiana, he vivido en este país durante más de veintinueve años y sin embargo, no tenía la menor idea de cuál era el mejor café ni de dónde encontrarlo. Qué sorpresa, pensé, es como si los franceses no supieran de vino o los argentinos de mate.

Casi con rabia me puse en la tarea de encontrar lo mejor de ese producto tan representativo, tan nuestro; ya no tanto por mi amigo Mats, sino por mí, por la simple razón de conocer algo que me parecía tan obvio pero sobre lo cual no tenía la más mínima idea. Buscando en internet conocí una gran cantidad de Cafés regados por toda la ciudad, destinados a brindar los mejores cafés especiales del país. Sitios en donde ofrecen cafés de cada rincón de Colombia, de un sinnúmero de variedades, de alturas, de fragancias y de aromas. Todo un mundo por descubrir. Mi curiosidad se acrecentaba y entre más leía más pensaba que nunca había probado un verdadero café colombiano. Qué ironía, yo que siempre he disfrutado tanto de una buena conversación al calor de un café o de su compañía en una larga noche de trabajo. En ese instante me topé con lo que estaba buscando, con lo que necesitaba.

“Travesía Coffee”, dos hermanos bogotanos quienes, en su pasión por el café y su preocupación por el desconocimiento generalizado sobre éste, se pusieron en la tarea de dar a conocer al mundo lo mejor de esta hipnótica bebida. Un bonito proyecto que me cautivo inmediatamente. De entre sus varios servicios escogí su tour de cafés especiales por el centro histórico de la capital; ideal también para mi amigo, ya que el recorrido incluiría una visita de las calles más deslumbrantes del barrio colonial de La Candelaria. Sin dudar, Reservé el tour para los dos y una semana después estábamos ahí, Mats y yo, subiendo por la calle del embudo, llegando a la plazoleta del Chorro. Alejandro –uno de los hermanos- nos saludó sonriente y tras una breve introducción nos invitó a tomarnos el que para ambos sería nuestro primer café colombiano. Sí, mi primer café.

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