En la voz de Felipe Trujillo



Hace siete u ocho años renuncié a todo por jubilar a mi papá; o porque, más bien, mi vida siempre ha estado ligada al café. Soy ingeniero de producción y durante muchos años trabajé gerenciando diferentes compañías, pero jamás tuve que ver con café.


Bueno, no es del todo así, porque mi abuelo fue un gran productor del grano en Santa Bárbara, Antioquia, y luego mi papá heredo la finca y la pasión. Yo hace trece años compré el terreno que lindaba con ese que mi papá le heredó al abuelo. Tenía la intención de montar un negocio que aumentara la productividad. La lógica era: a mayor cantidad de plantas, mayor beneficio. Estaba equivocado. Nuestra tierra no sirve para la alta productividad, sino que cobra sentido con los cafés especiales. Renuncié a mi trabajo para dedicarme a experimentar, probar y transformar el cultivo. Así comenzó un proceso de desarrollo de café especial. Fluyó la idea de no trabajar por tener el mejor café, sino de tener uno diferente, buscando procesos que hicieran el diferencial. Digo que hay que seguir innovando, porque queda mucho por descubrir.

En fin, son siete u ocho años de muy buena aceptación. Abrimos puertas en China, Corea, Hong Kong, Taiwán y ahora nos estamos acomodando al mercado gringo, porque allá les gusta el café con menos fermentación. Pero el reto siempre ha sido poder sobrevivir. Dejé de lado una carrera en la que ya estaba establecido y en la que tenía algún reconocimiento profesional. Con una familia grande, con hijos. Fue un gran desafío entrar al mundo del café, allí donde yo no era profesional.


Estas palabras son para decir que, en últimas, quien valida el café, o la calidad del café, son ustedes, los clientes. Los invito a que, mientras se toman este café de Santa Bárbara, se den el gusto de experimentar nuevas experiencias. Es la única manera de generar creatividad dentro de los productores. Validen o no nuestros descubrimientos a través de las sensaciones que generan, así nos están motivando a seguir siendo creativos. A seguir descubriendo dentro de nuestros cafetales. Puede que les guste o no les guste, pero es bonito que nos apoyen intentándolo.




Escritor: Carlos Ospina Marulanda

Fotografía: Felipe Trujillo

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