En la voz de Wilder Lazo
- EAT COFFEE
- 20 mar 2018
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 1 nov 2023
La verdad, es un tema curioso. Mi papá siempre tuvo la finca, siempre fue cafetero. Yo crecà ahÃ, pero tampoco le voy a decir que sabÃa mucho más de que al café se lo recoge cuando hay cosecha y cuando los frutos están rojos, maduros. Menos le voy a decir que mi infancia transcurrió jugando con mi hermano entre los cafetales. No, el café estaba ahÃ, pero ajeno y yo le era indiferente. Aunque no puedo negar que el campo sà fue parte de mÃ, claro, pero decidà irme por otro lado. Estudié veterinaria y me dedique a los bovinos. Asà que andaba por las fincas ganaderas y el café solo en las mañanas, gracias y con panela, siempre.

Hasta que un buen dÃa me llamó mi papá, cansado y enfermo, con la voz apagada, como resignado. Me anunció que vendÃa la finca y que ya tenÃa dos compradores listos, pero que preferÃa contarme antes de firmar cualquier papel. En ese instante sentà como parte de mi a esos cafetales que me habÃan resultado tan indiferentes durante años. SerÃa, tal vez, la voz de mi padre bañada en nostalgia la que me llevó a decirle que no. Que no la vendiera. Que yo me encargaba de la finca. Que yo la administraba. Que yo le cuidaba su café. Que no se preocupara.
Me fui para la finca, que está en el corregimiento de San Adolfo. El municipio es Acevedo, al sur del departamento del Huila, en la frontera con el Caquetá, en cuyas selvas murió José Acevedo Gómez, signatario de la primera constitución de Colombia, lÃder de la independencia y por quien el municipio lleva, desde 1756, ese nombre. Y ya ahÃ, en la vereda El JardÃn, sin saber nada de café, decidà invertir mi capital en la regeneración del viejo cafetal de mi papá. En El Diviso, como llamó a la finca.
No sabÃa nada. Hice cursos de catación, aprendà de suelos, investigué sobre café.

Viajé a Centro América, a Guatemala, a Costa Rica y a Panamá, pero también al Cauca, a ver los cafetales, a aprender de café. En el Vichada, en una finca ganadera en la que trabajaba, me encontré con unos brasileños expertos en suelos. Hicimos estudios de la finca. Los suelos no eran buenos y eso perjudicaba nuestro café. Con una preparación empezamos a alterar su pH, a equilibrarlo, a darle sabor al cafetal. Renovamos trece hectáreas y sembramos cafés nuevos –distintos– en ocho más.
Y hace seis meses recogimos un café realmente especial. Estamos esperando la próxima cosecha que deberÃa ser aún mejor. Ya dedico casi todo mi tiempo al café, aunque los bovinos me ocupan de tanto en tanto. Mi papá respira tranquilo. Ahora estamos todos metidos en la finca. Mi hermano, mi mamá, yo. Pero mi papá el primero, claro. Y ya no endulzo el café con panela.
Wilder es uno de los caficultores que ahora trabaja junto a nosotros, creando los mejores perfiles del café de Colombia.
Escrito por: Carlos Felipe Ospina Marulanda


